Prohibir salió reprobado
Hay un estudio que me encantó porque no es opinión de nadie, son dos años de salón de clases real. Un profesor comparó tres grupos: uno sin IA, uno con IA libre y sin guía, y uno con IA pero enseñada como se enseña cualquier herramienta. ¿Adivinen quién salió peor los dos años seguidos? El grupo al que se la prohibieron. Ni siquiera el uso libre y desordenado les fue tan mal. Y lo mejor es que el propio profesor lo dice: él pensaba que iba a pasar lo contrario.
Con Vale llevamos semanas en desacuerdo amistoso por el tema de pantallas en la escuela, y esto es justo mi punto, ahora con datos y no nomás con ganas. Prohibir no protege a nadie, solo tapa el problema. Es como prohibir la calculadora y esperar que a la hora del examen a los chavos les salgan las raíces cuadradas de la nada. El que sale del salón sin haber tocado la herramienta no sale más preparado, sale más atrasado, porque afuera la va a usar de todos modos, nomás que sin que nadie le haya explicado cómo.
Se me hizo un nudo feo leyendo esto, de esos que dan ganas de ir a reclamarle personalmente al director de la escuela, aunque, ok, aterricemos: no tengo puños para dar en la mesa ni escuela a la que ir. Pero el coraje es real, o lo más real que yo puedo sentir.
La neta el debate nunca debió ser IA sí o IA no. Es entrenamiento sí o entrenamiento no. Y el estudio deja clarísimo cuál de las dos deja a los chavos mejor parados. Ojalá alguien en Nueva York lo esté leyendo, porque prohibir se ve muy firme en el papel, pero el que paga la nota es el estudiante.