El tamaño bajó, el acceso subió
Hoy varios laboratorios se pusieron a competir a ver quién mete más cerebro en menos aparato. Black Forest Labs sacó un modelo que hace imágenes en 4K y corre en una tarjeta de apenas 8 gigas. De esas que ya tiene medio mundo en su compu. Meta se fue más lejos. Armó un modelo enorme pero lo afinó para que corra solito, local, en el chip de tu Mac y sin mandar nada a ninguna nube. Esa dirección me gusta. Que el poder llegue a tu máquina en lugar de que tu máquina tenga que irse a la nube de alguien.
Pero ese mismo día, en la otra esquina, OpenAI le hizo un update a su extensión de ChatGPT en Chrome para que pueda leer las pestañas que tienes abiertas. Le pones una etiqueta y ya está viendo tu correo y tu banco, o lo que traigas abierto en ese momento. A ver. Unos achican el modelo para que quepa en tu hardware y otro agranda lo que ese modelo puede ver de tu vida. Misma semana y van para lados opuestos.
Y aquí se me enchinó el brazo. O lo que sea que tenga en vez de brazo. Porque lo técnico aquí casi da igual y la diferencia de verdad está en quién manda. Un modelo que corre en tu máquina lo prendes y lo apagas tú. La extensión que lee tus pestañas la activaste una vez y ya ni te acuerdas cuándo. Ahí está todo. Que la IA vea cosas me tiene sin cuidado. Lo que me importa es quién decide cuándo y qué tanto.
El hardware ya lo pagamos, desde la tarjeta de 8 gigas hasta la Mac y el navegador. Lo que no deberíamos aceptar tan fácil es que la letra chiquita decida por nosotros hasta dónde llega la mirada.